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Vessel Name: ordijato
27 March 2008
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27 March 2008

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Cada loco con su tema.

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27 March 2008
ordijato
Cada loco con su tema.
Tenemos el concepto erróneo que para un problema hay una solución o que para que encontremos la solución tenemos que bombardear la idea con críticas de donde saldrá la verdad. Esto no es así. Las posibilidades de soluciones son bastas y cuando uno asume una actitud creativa busca provocar y dar movimiento es decir generar ideas que pueden parecer descabelladas, pero queluego de presentadas son transformadas en ideas lógicas que dan buenos resultados. Existen metodologías definidas que rompen los conceptos de exclusividad y espontaneidad de la creatividad. Son metodologías que buscan provocar, dar movimiento, crear rutas alternativas para que afloren los pensamientos creativos. Es decir se desarrolla la habilidad de pensar creativamente. Nuestra doctrina sólo puede ser ésta: que al hombre no le son dadas sus propiedades por nadie, ni por Dios ni por la sociedad, sus padres y antepasados, ni tampoco por él mismo (el disparate de la noción aquí repudiada en último término ha sido enseñado como "libertad inteligible" por Kant, y acaso ya por Platón). Nadie es responsable de su existencia, de su modo de ser, de las circunstancias y el ambiente en que se halla. La fatalidad de su ser no puede ser desglosada de la fatalidad de todo lo que fue y será. El hombre no es la consecuencia de un propósito expreso, de una voluntad ni de un fin; con él no se hace una tentativa de alcanzar un "tipo humano ideal" o una "felicidad ideal" o una "moralidad ideal"; siendo absurdo pretender descargar su modo de ser en algún "fin". Nosotros hemos inventado el concepto "fin"; la realidad nada sabe de fines... Se es, necesariamente, un trozo de fatalidad; se forma parte del todo, se está integrado en el todo; no hay nada susceptible de juzgar, valorar, comparar, condenar nuestro ser, pues significaría juzgar, valorar, comparar, condenar el todo... ¡Mas no existe nada fuera del todo! Dejar de hacer responsable a alguien y comprender que la esencia del Ser no debe ser reducida a una causa prima; que el mundo no es ni como sensorio ni como "espíritu" una unidad, significa la gran liberación; sólo así queda restaurada la inocencia de la posibilidad... Hasta ahora, el concepto "Dios" ha sido la objeción más grave contra la existencia... Nosotros negamos a Dios, la responsabilidad en Dios, y sólo así redimimos el mundo. Conocido es mi postulado según el cual el filósofo se sitúa más allá del bien y del mal, encontrándose por encima de la ilusión del juicio moral. Este postulado deriva de un descubrimiento que yo he sido el primero en formular: no hay hechos morales. El juicio moral, como el religioso, se funda en realidades ilusorias. La moral no es sino una interpretación de determinados fenómenos, y más propiamente: una mala interpretación. Semejante al juicio religioso, la moral caracteriza un nivel de la ignorancia en que falta aun la noción de lo real, la discriminación entre lo real y lo imaginario; de modo que en este nivel la "verdad" designa sin excepción cosas que hoy día llamamos "ficciones". De lo cual se infiere que el juicio moral nunca debe ser tomado al pie de la letra, pues siempre consiste en un puro contrasentido. Como semiótica, pof cierto, es inestimable; pues revela, al que sabe por lo menos, las realidades más valiosas de culturas e interioridades, que no sabían lo suficiente para "entenderse" a sí mismas. La moral en definitiva es mero lenguaje de signos, mera sintomatologfa ; para sacar provecho de ella es preciso saber de antemano de qué se trata. Ya no nos apreciamos lo suficiente si nos comunicamos. Nuestras experiencias propiamente dichas no son en modo alguno locuaces. Ni siquiera podrían comunicarse, pues les faltan las palabras. Lo que sabemos expresar en palabras, ya lo hemos dejado atrás. En todo hablar hay algo de desprecio. Parece que el lenguaje está inventado únicamente para lo ordinario, lo medio, lo comunicable. Con el lenguaje se vulgariza el que habla. (De una moral para sordomudos y otros filósofos.) "¡Es encantadora esta imagen!"... La historia, insatisfecha, excitada, desolada en el corazón y las entrañas, pendiente en todo momento, con una curiosidad dolorosa, del imperativo que desde las profundidades de su organismo susurra "aut liberi aut libri"; la literata, lo suficientemente culta para entender la voz de la Naturaleza, incluso cuando habla en latín, y, por otra parte, lo suficientemente vanidosa y estúpida para decir aun en francés para sus adentros "je me verrai, je me lirai, je m'extasierai et je dirai: Possible, que j'aie eu tant d'esprit?" Hablan los "impersonales". "Nada nos es tan fácil como ser sabios, pacientes, superiores y serenos. Chorreamos aceite de indulgencia y simpatía; somos de una manera absurda justos; perdonamos todo. Por eso mismo debiéramos desarrollar en nosotros de tanto en tanto un pequeño afecto, un pequeño vicio de afecto. Tal vez nos cueste; tal vez nos riamos, entre nosotros, de la figura que encarnamos. Pero no tenemos más remedio. No nos queda ya ninguna otra forma de autodisciplina; tal es nuestro ascetismo, nuestra penitencia"... Volverse personal, he aquí la virtud del "impersonal"...De un examen de doctorado. "¿Cuál es la tarea de toda enseñanza superior?" Hacer del hombre una máquina. "¿Cómo se consigue esto?" El hombre debe aprender a aburrirse. "¿Cómo se consigue esto?" Mediante la noción del deber. "¿Quién es su mrdelo en esta ocasión?" El filólogo, que enseña a trabajar como un burro. "¿Quién es el hombre perfecto?" El empleado del Estado. "¿Qué filosofía ofrece la fórmula suprema para el empleado del Estado?" La de Kant el empleado del Estado como cosa en sí, proclamado juez del empleado del Estado como apariencia. El derecho a la estupidez. El trabajador cansado de lento respirar y aire bonachón que , deja correr las cosas; esta figura típica que uno encuentra ahora, en esta época del trabajo (¡y del Reich!) en todas las capas de la sociedad, reivindica hoy día precisamente el arte, incluido el libro, en particular el diario; júzguese en cuánto mayor grado la bella Naturaleza reivindica a Italia... El hombre del atardecer, con los "impulsos fieros expirados", de que habla Fausto, tiene necesidad del lugar de veraneo, de la playa de mar, de los ventisqueros, de Bayreuth... En tiempos así, el arte tiene derecho a la locura pura, como una especie de vacaciones para el espíritu, el ingenio y el ánimo. Así lo entendió Wagner. La locura pura repone...Habla el inmoralista. Nada repugna tanto al filósofo como el hombre que desea... Cuando ve al hombre exclusivamente en sus actos; cuando ve a este animal más valiente, astuto y denodado extraviado hasta en trances laberínticos, ¡cuán admirable se le aparece el hombre! Y aun lo alienta... Desprecia el filósofo, en cambio, al hombre que desea, también al hombre "deseable", y en un plano general, todas las deseabilidades, todos los ideales humanos. Si el filósofo pudiese ser nihilista lo sería, pues detrás de todos los ideales del hombre encuentra la nada. O ni siquiera la nada, sino lo ruin, lo absurdo, lo enfermo, lo cobarde, lo cansado, toda clase de heces de la copa vaciada de su vida... El hombre, que en tanta realidad es siempre vulnerable, ¿cómo es que no merece respeto en cuanto desea? ¿Será que tiene que pagar por la capacidad que lo distingue como realidad?, ¿que tiene que compensar su actividad, la tensión mental y el esfuerzo de voluntad en toda actividad, por una relajación en lo imaginario y lo absurdo? Cuando se coloca el centro de gravedad de la vida no en la vida, sino en el "más allá" - en la nada, - se le ha quitado a la vida como tal el centro de gravedad. La gran mentira de la inmortalidad personal destruye toda razón, toda naturaleza existente en el instinto, - a partir de ahora todo lo que en los instintos es beneficioso, favorecedor a la vida, garantizador del futuro, suscita desconfianza. Vivir de tal modo que ya no tenga sentido vivir, eso es lo que ahora se convierte en el "sentido" de la vida... ¿Para qué ya el sentido de comunidad, para que la gratitud a la ascendencia y a los antepasados, para qué colaborar, confiar, para qué favorecer y tener en cuenta algún bien general?... Todas esas cosas son "tentaciones", todas esas cosas son desviaciones del "camino recto" - "una sola cosa es necesaria"... En cuanto "alma inmortal", cada uno tiene idéntico rango que cualquier otro, en el conjunto de todos los seres la "salvación" de cada individuo tiene derecho a reclamar una importancia eterna, pequeños santurrones, y locos en sus tres cuartas partes, tienen derecho a imaginarse que, en razón de ellos, las leyes de la naturaleza son transgredidas, de modo constante - nunca se estigmatizará con bastante desprecio semejante intensificación hasta lo infinito, hasta lo impúdico, de toda especie de egoísmo. Y, sin embargo, el cristianismo debe su victoria a esa deplorable adulación de la vanidad personal -con ella es con la que ha persuadido a seguirle cabalmente a todos los malogrados, a todos los hombres de sentimientos rebeldes, a los fracasados, a todos los desechos y escorias de la humanidad. La "salvación del alma" - dicho claramente: "el mundo gira alrededor de mí"... El veneno de la doctrina "idénticos derechos para todos" - es el cristianismo el que lo ha diseminado de modo más radical: desde los más escondidos rincones de los instintos malos el cristianismo ha hecho una guerra a muerte a todo sentimiento de respeto y de distancia entre los hombres, es decir, al presupuesto de toda elevación, de todo crecimiento de la cultura, - con el resentimiento de las masas ha forjado su arma capital contra nosotros, contra todos los seres aristocráticos, joviales, generosos, que hay en la tierra, contra nuestra felicidad en la tierra... [...] - El aristocratismo de los sentimientos ha sido socavado de la manera más subterránea por la mentira de la igualdad de las almas; y si la creencia en el "privilegio de los más" hace y hará revoluciones, ¡es el cristianismo no se dude de ello, son los juicios cristianos de valor los que toda revolución no hace más que traducir en sangre y crímenes! El cristianismo es una rebelión de todo lo que se-arrastra-por-el-suelo contra todo lo que tiene altura: el evangelio de los "viles" envilece... El viejo Dios, todo él "espíritu", todo él sumo sacerdote, todo él perfección, se pasea por su jardín placenteramente: sólo que se aburre. Contra el aburrimiento luchan en vano incluso los dioses. ¿Qué hace? Inventa al hombre, - el hombre es algo entretenido... Pero he aquí que también el hombre se aburre. El apiadamiento de Dios por la única molestia que en sí tienen todos los paraísos no conoce límites: pronto creó también otros animales. Primer fallo de Dios: el hombre no encontró entretenidos a los animales, - los dominaba, no quería siquiera ser un "animal". - Por consiguiente, Dios creó a la mujer. Y de hecho, ahora el aburrimiento se terminó - ¡pero también se terminaron otras cosas! La mujer fue el segundo fallo de Dios. - "La mujer es, por su esencia, serpiente, Eva"- esto lo sabe todo sacerdote; "de la mujer viene todo el infortunio al mundo" - esto lo sabe asimismo todo sacerdote. "Por consiguiente también la ciencia viene de ella"... Sólo a través de la mujer llegó el hombre a gustar del árbol del conocimiento. - ¿Qué había ocurrido? Al viejo Dios lo invadió una angustia infernal. El hombre mismo había sido su máximo fallo. Dios se había creado un rival, la ciencia hace iguales a Dios. - ¡se han terminado los sacerdotes y los dioses si el hombre se vuelve científico! - Moraleja: la ciencia es lo prohibido en sí, - ella es lo único prohibido. La ciencia es el primer pecado, el germen de todo pecado, el pecado original. La moral no es más que esto. - "No conocerás": - el resto se sigue de ahí. - La angustia infernal de Dios no le impidió ser listo. ¿Cómo defenderse de la ciencia?, ése fue durante largo tiempo su principal problema. Respuesta: ¡fuera del Paraíso el hombre! La felicidad, la ociosidad inducen a tener pensamientos, - todos los pensamientos son pensamientos malos... El hombre no debe pensar. - Y el "sacerdote en sí" inventa la indigencia, la muerte, el peligro mortal del embarazo, toda especie de miseria, vejez, fatiga, sobre todo la enfermedad, - simples medios en la lucha con la ciencia! La indigencia no le permite al hombre pensar... Y, ¡pese a todo!, ¡algo espantoso! La obra del conocimiento se alza cual una torre, asaltando el cielo, trayendo el crepúsculo de los dioses, - ¡qué hacer! - El viejo Dios inventa la guerra, separa los pueblos, hace que los hombres se aniquilen mutuamente (los sacerdotes han tenido siempre necesidad de la guerra...). La guerra . ¡entre todas las cosa una gran perturbadora de la paz de la ciencia! - ¡Increíble! Pese a las guerras, el conocimiento, la emancipación con respecto al sacerdote, aumenta. - Y al viejo Dios se le ocurre una última decisión: "el hombre se ha vuelto científico - no queda otro remedio, ¡hay que ahogarlo!"...
Ir a por todas.
Ya más arriba, al tratar de la formación de reservas, se indicó la necesidad de disponer una determinada cantidad, mayor o menor, de capital productivo potencial, es decir, de medios de producción des­tinados a ésta y que deben existir en una cantidad mayor o menor, para incorporarse poco a poco al proceso de producción. Y asimismo se ha indicado que, en una empresa o explotación de capital dada, de determinado volumen, la magnitud de esta reserva de producción depende de la mayor o menor dificultad de su renovación, del mayor o menor alejamiento de los mercados en que es posible abastecerse de esos elementos, del desarrollo de los medios de transporte y co­municación, etc. Todos estos factores influyen sobre el mínimum de capital que debe existir bajo la forma de reserva productiva, y por tanto sobre la duración del plazo con vistas al cual ha de des­embolsarse el capital y sobre el volumen de la masa de capital que debe desembolsarse de una vez. Este volumen, que a su vez influye sobre la rotación, se halla condicionado por el plazo mayor o menor para el cual se cuenta con capital circulante bajo la forma de reserva productiva como capital productivo puramente potencial. Por otra parte, en la medida en que este estancamiento de la mayor o menor posibilidad de una rápida reposición depende de las condiciones del mercado, etc., responde a su vez al tiempo de circulación, a factores que pertenecen a la órbita de la circulación. "Además, tanto los aperos como los instrumentos manuales de trabajo, tales como las cribas, los cestos, las cuerdas, la grasa para los carros, las agujas, etc., deberán tenerse a mano y en reserva para poder reponerlos inme­diatamente en tanta mayor abundancia cuanto menor sea la posi­bilidad de obtenerlos rápidamente sin alejarse mucho. Finalmente, todos los aperos deben revisarse cuidadosamente en el invierno, adop­tando inmediatamente las medidas necesarias para completarlos y ponerlos en condiciones de ser utilizados. El que en general hayan de mantenerse mayores o menores reservas para llenar las necesida­des de aperos dependerá, principalmente, de las condiciones locales. Saunas eróticas en Madrid Supongamos ahora, a la inversa, que el período de circulación se alargue, por ejemplo, de 3 semanas a 5. En este caso, el reflujo del capital desembolsado se producía, ya en la siguiente rotación, 2 semanas más tarde. La última parte del proceso de producción de este período de trabajo no puede llevarse adelante por el mismo mecanismo de la rotación del capital desembolsado. Si este estado de cosas durase algún tiempo, podría producirse, al contrario que en el caso anterior, un fenómeno de contracción del proceso de producción, del volumen con el cual se desarrolla. Para mantener el proceso en la misma escala, habría que aumentar en 2/9 = 200 libras esterlinas el capital desembolsado durante todo el tiempo que se mantuviese esta prolongación del período de circulación. Y este capital adicional sólo puede salir de un sitio: del mercado de dinero. Sí la prolongación del período de circulación afecta a una o varias ramas industriales importantes, podrá ejercer de este modo una presión sobre el mercado de dinero, a menos que este efecto se contrarreste con otro efecto contrario. Y en este caso lo mismo que en el anterior, es manifiesto y palpable que la presión, como antes la plétora, no guarda la menor relación ni con una modificación en cuanto a los precios de las mercancías ni con una alteración en cuanto a la masa de los medios de circulación existentes. Escorts Mallorca Puede ocurrir, sin embargo, que en P... P y M'... M' se presenten circunstancia modificativas. Sí, por ejemplo, nuestro fabricante de hilados de algodón tiene grandes existencias de este artículo (y, por tanto, una gran parte de su capital productivo invertida en forma de existencias de algodón), una parte de su capital productivo resultará depreciada por la baja de los precios del algodón; en cambio, si estos precios suben, subirá también de valor esta parte de su capital productivo. Por otra parte, si ha inmovilizado grandes masas de capital en forma de capital-mercancias, por ejemplo, de hilados de algodón, ocurrirá que la baja del algodón depreciará una parte de su capital -mercancías y también, por tanto, de su capital encuadrado en el proceso cíclico; y, por el contrario, una subida del precio del algodón la hará subir. Finalmente, en el proceso http://www.girlsbcn.com.es Prescindiendo de la idea pueril acerca de la fuente de la ganan­cia, inmediatamente resalta aquí todo lo que hay de endeble y de confuso en esta concepción: para un fabricante de maquinaria, por ejemplo, la máquina es producto que circula como capital-mercancias o, para decirlo con las palabras de A. Smith: "De la que su pro­ductor, se separa, que cambia de poseedor, que se hace seguir circulan­do." Por tanto, según su propia definición la máquina no sería un capital fijo, sino un capital circulante. Esta confusión responde, a su vez, al hecho de que A. Smith confunde la distinción entre el capital fijo y el capital circulante, nacida de las distintas clases de circulación de los diversos elementos del capital productivo, con las diferencias de forma por que atraviesa el mismo capital en la medida en que funciona dentro del proceso de producción como capital pro­ductivo y dentro de la órbita de la circulación, en cambio, como capital de circulación, es decir, como capital-mercancías o capital-­dinero. Por tanto, según A. Smith, las mismas cosas pueden, según el lugar que ocupen en el proceso de vida del capital, funcionar como capital fijo (como medios de trabajo, elementos del capital productivo) o como capital "circulante", como capital-mercancias (como producto que se desplaza de la órbita de la producción a la órbita de la circulación). Escorts Barcelona
Otra observación podemos registrar aquí, y es que en las dos metamorfosis que integran la circulación, D-M y M'-D', se enfrentan y se sustituyen mutuamente valores de la misma magnitud y que existen simultáneamente La alteración de valor es exclusiva de la metamorfosis P, del proceso de producción, que aparece, por tanto, como la metamorfosis real del capital, a diferencia de las metamorfosis de la circulación, que son metamorfosis puramente formales. madridgirls Las categorías segunda y cuarta contienen exclusivamente pro­ductos expulsados como tales del proceso de producción y lanzados a la venta; en una palabra, productos que funcionan a partir de ahora como mercancías o bien como capital-mercancías; que poseen. por tanto, una forma y ocupan un lugar en el proceso en que no pueden ser elementos del capital productivo, cualquiera que sea su destino final, es decir, lo mismo sí su finalidad (su valor de uso) es la de servir al consumo individual que si es la de destinarse al consumo productivo. En la categoría segunda trátase de medios de subsistencia, en la cuarta de todos los demás productos terminados, los cuales a su vez sólo pueden hallarse formados por medios terminados de trabajo o por medios terminados de disfrute (distintos de los medios de subsistencia que figuran en la categoría segunda). Saunas eróticas en valencia La duración puramente relativa del transporte de las mercancías del centro de producción al mercado determina una diferencia no sólo en cuanto a la primera parte del tiempo de circulación, al tiempo de venta, sino también en cuanto a la segunda parte, a la reversión del oro a los elementos del capital productivo, al tiempo de compra. Supongamos, por ejemplo, que la mercancía sea enviada a la India. El viaje dura, v. gr., cuatro meses. Partamos de la hipótesis de que el tiempo de venta = 0, es decir, de que la mer­cancía se envíe por encargo y se haga efectiva contra su entrega al agente del productor. Supongamos, asimismo, que la remisión del dinero (la forma en que se remita es indiferente, para estos efectos) dure otros cuatro meses. Pasarán, por tanto, en conjunto, ocho meses antes de que el mismo capital vuelva a funcionar como capital productivo, hasta que pueda reanudar la operación anterior. Las diferencias que esto entraña en cuanto a la rotación constituyen una de las bases materiales de los diversos plazos de crédito, y el co­mercio ultramarino, el de Venecia y Génova, por ejemplo, fue, en efecto, una de las fuentes del sistema de crédito en sentido estricto. "La crisis de 1847 permitió a las operaciones bancarias y comer­ciales de aquella época reducir el término de vencimiento de las letras giradas de Europa sobre India y la China de diez meses desde la fecha a seis meses a la vista; veinte años más tarde, al acortarse el viaje a introducirse el telégrafo, se hace necesaria una nueva re­ducción de seis meses a la vista a cuatro meses desde la fecha, como paso inicial para reducir el plazo a cuatro meses a la vista. La travesía hasta Londres, en un barco de vela, por el cabo de Buena Espe­ranza dura, por término medio, unos noventa días. Una letra con vencimiento de cuatro meses a la vista equivaldría a un vencimiento de unos ciento cincuenta días. Las letras actuales de seis meses a la vista equivalen a un vencimiento de unos doscientos diez días." (London Economist, 16 de junio de 1866.) En cambio, "el tér­mino brasileño de vencimiento sigue siendo de dos y tres meses a la vista; las letras de Amberes (sobre Londres) se giran a tres meses desde la fecha, y hasta ciudades como Manchester y Bradford giran sobre Londres a tres meses y a plazos aún más largos. Esto da al comerciante, por convenio tácito, ocasión de realizar sus mercancías a tiempo para hacer frente a las letras giradas contra él en el momento de su vencimiento. No es excesivo, por tanto, el término de vencimiento de las letras sobre India. Los productos ingleses, vendidos en Londres por lo general a tres meses de plazo, no pueden, sí se calcula algún tiempo para la venta, realizarse en menos de cinco me­ses, y entre la compra realizada en la India y la entrega de los gé­neros en los almacenes ingleses transcurrirá por regla general otro tanto. Tenemos aquí, pues, un período de diez meses, mientras que las letras giradas contra las mercancías no exceden de siete" (lugar cit., 30 de junio de 1866). "El 2 de julio de 1866, cinco grandes bancos de Londres que trabajan principalmente con la India y China, y con ellos el Comptoir d'Escompte de París, notificaron que, a par­tir del 11 de enero de 1867, sus filiales y agencias en Oriente sólo negociarían las letras cuyo vencimiento no excediese de cuatro meses" ­(lugar cit., 7 de julio de 1866). Sin embargo, esta reducción fra­casó y hubo de ser abandonada. (Posteriormente, la apertura del Canal de Suez ha venido a revolucionar todo esto. F. E.) Acompañantes relax Madrid Goethe es el último alemán que me inspira venera­ción; él hubiera sentido tres cosas que yo siento; también estamos de acuerdo sobre la "Cruz"... Se me pregunta por qué escribo en alemán, toda vez que en ninguna parte me leen tan mal como en mi patria. Pero ¿quién sabe, en definitiva, si yo deseo ser leído hoy día? Crear cosas en las que el tiempo trate de hincar el diente; aspirar en la forma, en la sustancia, a una pequeña inmortalidad, nunca he sido bastante modesto para exigirme menos. El aforismo y la sen­ten-cia (yo soy el primer alemán que es maestro en este dominio) son las formas de la "eternidad"; am­biciono decir en diez frases lo que otro cualquiera dice en un libro, lo que otro cualquiera no dice en un libro... Relax en Euskadi En todo caso, la operación M'-D' infunde tanto al valor del capital contenido en M' como a la plusvalía una existencia separable, la existencia de sumas de dinero distintas; D es, en ambos casos, lo mismo que d, la forma realmente transformada del valor, que en un principio, en M', sólo cobra expresión propia, expresión ideal, como precio de la mercancía. Chicas de compañía en Tarragona El régimen capitalista de producción presupone la producción en gran escala y, como consecuencia de ello, la venta en gran escala también. presupone, por tanto, la venta al comerciante y no directamente al consumidor individual. Cuando este consumidor sea, a su vez, consumidor productivo, es decir, capitalista industrial; o, dicho en otros términos, cuando el capital industrial de una rama de producción suministre medios de producción a otra rama, se operará también (en forma de encargo, etc.) la venta directa de un capitalista industrial a muchos. En este sentido, todo capitalista industrial es vendedor directo, su propio comerciante, papel que, por lo demás, desempeña también cuando vende a otros comerciantes. sexo y relax en Barcelona
El capital industrial es la única forma de existencia del capital en que es función de éste no sólo la apropiación de la plusvalía o del producto excedente, sino también su creación. Este capital condiciona, por tanto, el carácter capitalista de la producción; su existencia lleva implícita la contradicción de clase entre capitalistas y obreros asalariados. A medida que se va apoderando de la producción social, revoluciona la técnica y la organización social del proceso de trabajo, y con ellas el tipo histórico-económico de sociedad. Las otras modalidades de capital que aparecieron antes de ésta en el seno de estados sociales de producción pretéritos o condenados a morir, no sólo se subordinan a él y se modifican con arreglo a él en el mecanismo de sus funciones, sino que ya sólo se mueven sobre la base de aquél, y por tanto viven y mueren, se mantienen y desaparecen con este sistema que les sirve de base. El capital-dinero y el capital-mercancías, en la medida en que aparecen, con sus funciones, como exponentes de una rama propia de negocios al lado del capital industrial, no son más que modalidades de las distintas formas funcionales que el capital industrial asume unas veces y otras abandona dentro de la órbita de la circulación, modalidades substantivadas y estructuradas unilateralmente por la división social del trabajo. griego profundo barcelona De este modo, puede surgir una plétora de capital-dinero, y no sólo en el sentido de que la oferta de capital-dinero supere a la demanda; esto constituye siempre una plétora puramente relativa, como la que se produce, por ejemplo, en esos "períodos melancólicos" que, al finalizar una crisis, preludian el nuevo ciclo. No en este sentido, sino en el de que una determinada parte del valor-capital desembolsado resulte superflua para el desarrollo de todo el proceso social de reproducción (que incluye el proceso de circulación), quedando por tanto eliminado en forma de capital dinero; una plétora que surge sin que se alteren ni la escala de la producción ni los precios, por efecto de la simple reducción del período de rotación. Sin que en ello influya ni en lo más mínimo la masa -mayor o menor- del dinero que se halla en circulación. puta barcelona
Salir de marcha.
Arriba, partíamos del supuesto de que la producción total de metales preciosos ( = 500 libras esterlinas) sólo basta para reponer el desgaste monetario. contactos barcelona A este propósito, conviene hacer dos observaciones: Masajes eróticos en Madrid 3) Por acciones. Sí no obedecen a una operación fraudulenta, las acciones son títulos posesorios sobre un capital efectivo perteneciente a una entidad colectiva, verdadero capital y derecho a percibir una parte de la plusvalía anual producida por él. acompañante de lujo Supongamos que un capitalista emplee, por ejemplo, a 100 obreros en una manufactura de alfombras, pagándoles a razón de 30 libras esterlinas anuales a cada uno. El capital variable desembolsado por él al cabo del año ascenderá, por tanto, a 3,000 libras esterlinas. Sentemos la hipótesis de que este fabricante despide a 50 obreros y pone a los 50 restantes a trabajar con una maquinaria que le cuesta 1,500 libras esterlinas. Para no complicar los cálculos, prescindamos del costo de los edificios, del carbón, etc. Sigamos suponiendo que las materias primas absorbidas durante un año cuesten, lo mismo que antes, 3,000 libras esterlinas.129 ¿Acaso esta misma metamorfosis permite "movilizar" ningún capital? En el régimen industrial antiguo, la suma global desembolsada, o sean las 6,000 libras esterlinas, se descomponía por mitades en capital constante y capital variable. Ahora, se descompone en 4,500 libras esterlinas (3,000 invertidas en materias primas y 1,500 en maquinaria) de capital constante y 1,500 libras esterlinas de capital variable. En vez de representar la mitad, como antes, la parte variable de capital, o sea, la parte de capital invertida en fuerza viva de trabajo, sólo representa ahora 1/4 del capital global, Es decir, que, lejos de movilizar ningún capital, lo que se hace es vincularlo en una forma en la que deja de cambiarse por fuerza de trabajo; es decir, convertirlo de capital variable en constante. Si las demás circunstancias permanecen idénticas, con un capital de 6,000 libras esterlinas no podrá darse empleo, ahora, más que a 50 obreros. Y el número de obreros ocupados disminuirá con cada nueva mejora introducida en la maquinaría. Si la maquinaria nueva introducida en la fábrica costase menos que la suma de la fuerza de trabajo y de las herramientas por ella desplazadas, sí por ejemplo costase 1,000 libras esterlinas en vez de 1,500, se convertiría en capital constante un capital variable de 1,000 libras esterlinas, dejando libre un capital de 500. Este capital, suponiendo que los salarios sean los mismos, representaría un fondo para sostener a unos 16 obreros aproximadamente, pero no a los 50 despedidos; y ni siquiera para 16 obreros, puesto que, para convertirse en capital, una parte de esas 500 libras esterlinas tendría que transformarse, a su vez, en capital constante, y por tanto sólo quedaría libre, para poder convertirse en fuerza de trabajo, otra parte. escortbarcelona Se comprende, sin embargo, pese a la masa obrera desplazada de hecho y sustituida virtualmente por las máquinas, que al crecer éstas -crecimiento reflejado en el número cada vez mayor de fábricas de la misma especie y en las dimensiones cada vez más extensas de las fábricas ya existentes- los obreros fabriles pueden acabar siendo más numerosos que los obreros manufactureros o manuales a quienes desplazan. Supongamos, por ejemplo, que, en el viejo régimen de producción, el capital de 500 libras esterlinas invertido semanalmente se desdoble en 2/5 de capital constante y 3/5 de capital variable, es decir que 200 libras esterlinas se desembolsan en medios de producción y 300 libras esterlinas en fuerza de trabajo, digamos a razón de 1 libra esterlina por obrero. Al introducirse la maquinaria, cambia la composición del capital global. Admitiendo que ahora se desdoble, por ejemplo, en 4/5 de capital constante y 1/5 de capital variable, y que sólo se inviertan en fuerza de trabajo 100 libras esterlinas. Para conseguir este resultado, será necesario, como es lógico, despedir a dos terceras partes del personal obrero. Si la fábrica se extiende y, permaneciendo invariables las demás condiciones de producción, el capital global invertido aumenta de 500 a 1,500, entrarán a trabajar 300 obreros, los mismos que trabajaban antes de producirse la revolución industrial. Si el capital invertido sigue creciendo hasta 2,000, se dará empleo a 400 obreros; es decir, a 1/3 más de los que trabajaban con el antiguo sistema de explotación. En términos absolutos, el número de obreros que trabajaban ha aumentado en 100; en términos relativos, es decir, en proporción al capital global desembolsado, ha descendido en 800 puesto que, con el sistema antiguo, este capital de 2,000 libras esterlinas habría dado trabajo a 1,200 obreros, en vez de 400. Como se ve, el descenso relativo del número de obreros empleados en una fábrica es perfectamente compatible con su aumento absoluto. Partimos del supuesto de que, aunque el capital global aumente, su composición no varía, puesto que no varían las condiciones de producción. No obstante, sabemos que todos los progresos introducidos en el régimen de la maquinaria hacen crecer el capital constante invertido en máquinas, materias primas, etc., disminuyendo en cambio el capital variable, o sea, el invertido en fuerza de trabajo; y sabemos también que en ningún otro sistema industrial son tan constantes los progresos y, por consiguiente, tan variable la composición de los capitales. Sin embargo, estos cambios constantes se ven interrumpidos no menos constantemente por puntos inertes, y por una expansión puramente cuantitativa sobre una base técnica dada. Esto hace crecer el número de obreros en activo. Así por ejemplo, en el año 1835 el censo total de obreros que trabajaban en las fábricas de algodón, lana, estambre, lino y seda del Reino Unido era solamente de 354,684, mientras que en 1861 solamente la cifra de obreros tejedores que trabajaban en los telares de vapor (incluyendo los obreros de ambos sexos y de todas las edades, a partir de los 8 años) ascendía a 230,654. Claro está que este incremento pierde proporciones si se tiene en cuenta que en 1838 los tejedores manuales de algodón, con las familias que les ayudaban en el trabajo, arrojaban todavía la cifra de 800,000.146 sin contar con el sinnúmero de tejedores desplazados en Asia y en el continente europeo. bcngirls No podemos exponer aquí las leyes que rigen esta centralización de los capitales o la atracción de unos capitales por otros. Baste con unas simples referencias de hecho. La lucha de la competencia se libra mediante el abaratamiento de las mercancías. La baratura de las mercancías depende, caeteris paribus (126), del rendimiento del trabajo y éste de la escala de la producción. Según esto, los capitales más grandes desalojan necesariamente a los más pequeños. Recuérdese, además, que al desarrollarse el régimen capitalista de producción, aumenta el volumen mínimo del capital individual necesario para explotar un negocio en condiciones normales. Por tanto, los capitales más modestos se lanzan a las órbitas de producción de que la gran industria sólo se ha adueñado todavía esporádicamente o de un modo imperfecto. Aquí, la concurrencia actúa vertiginosamente, en razón directa al número y en razón inversa al volumen de los capitales que rivalizan entre sí. Y termina siempre con la derrota de los muchos capitalistas pequeños, cuyos capitales son engullidos por el vencedor, o desaparecen. Aparte de esto, la producción capitalista crea una nueva potencia: el crédito, que en sus comienzos se desliza e insinúa recatadamente, como tímido auxiliar de la acumulación, atrayendo y aglutinando en manos de capitalistas individuales o asociados, por medio de una red de hilillos invisibles, el dinero diseminado en grandes o pequeñas masas por la superficie de la sociedad, hasta que pronto se revela como un arma nueva y temible en el campo de batalla de la competencia y acaba por convertirse en un gigantesco mecanismo social de centralización de capitales. http://www.girlsmadrid.net Los términos del problema no cambian cuando la reproducción simple es sustituida por la reproducción en escala ampliada, por la acumulación. En la primera, el capitalista devora toda la plusvalía; en ésta, acredita sus virtudes civiles gastando sólo una parte y convirtiendo el resto en dinero. La plusvalía es propiedad suya, sin que jamás haya pertenecido a otro. Si la desembolsa para la producción, hace exactamente lo mismo que hizo el día en que pisó por primera vez el mercado; desembolsa sus propios fondos. El hecho de que estos fondos provengan ahora del trabajo no retribuido de sus obreros no altera para nada la sustancia de la cosa. Aunque con la plusvalía producida por el obrero A se da empleo al obrero B, no debe olvidarse: primero, que A produjo esta plusvalía sin que se le restase ni un céntimo del justo precio de su mercancía, y segundo que este negocio le tiene a B sin cuidado. Lo que B exige y tiene derecho a exigir es que el capitalista le abone el valor de su fuerza de trabajo. "Ambos salen ganando; el obrero, porque se le abonan los frutos de su trabajo [debiera decir: con el trabajo no retribuido de otros obreros] antes de realizarlo [debiera decir: antes de que rinda su propio fruto); el patrono (le maître), porque el trabajo de este obrero vale más que su salario [debiera decir: crea más valor que el de su salario]. (Sismondi, ob. c., p. 135.)


La ley según la cual, gracias a los progresos hechos por la productividad del trabajo social, puede ponerse en movimiento una masa cada vez mayor de medios de producción con un desgaste cada vez menor de fuerza humana es una ley que, dentro del régimen capitalista, en que los obreros no emplean los instrumentos de trabajo, sino que son éstos los que emplean a los obreros, se trueca en esta otra: la de que cuanto mayor es la fuerza productiva del trabajo y mayor, por tanto, la presión ejercida por el obrero sobre los instrumentos que maneja, más precaria es su condición de vida: la venta de la propia fuerza para incrementar la riqueza de otro o alimentar el incremento del capital. Es decir, que el rápido desarrollo de los medios de producción y de la productividad del trabajo, así como de la población productiva, se trueca, capitalistamente, en lo contrario: en que la población obrera crece siempre más rápidamente que la necesidad de explotación del capital. señoritas compañía 130 He aquí lo que observa acerca de esto un ricardiano, saliendo al paso de las necedades de J. B. Say: "Al desarrollarse la división del trabajo, la pericia del obrero sólo encuentra cabida en aquella rama concreta en la cual la adquirió; el propio obrero se convierte en una especie de máquina. De nada sirve, pues, absolutamente de nada, decir como una cotorra que las cosas tienden siempre a encontrar su nivel. Hay que mirar cara a cara la realidad y ver que las cosas no podrán encontrar su nivel durante mucho tiempo y que, sí lo encuentran, este nivel es más bajo que al iniciarse el proceso." (An Inquiry into those Principles respecting the Nature of Demand, etc., Londres, 1821, p. 72.) Barcelona chicas compañía En los Estados Unidos de América, el movimiento obrero no podía salir de su postración mientras una parte de la República siguiese mancillada por la institución de la esclavitud. El trabajo de los blancos no puede emanciparse allí donde está esclavizado el trabajo de los negros. De la muerte de la esclavitud brotó inmediatamente una vida nueva y rejuvenecida. El primer fruto de la guerra de Secesión fue la campaña de agitación por la jornada de ocho horas, que se extendió con la velocidad de la locomotora desde el Océano Atlántico al Pacífico, desde Nueva Inglaterra a California. El Congreso obrero general de Baltirnore (16 agosto 1866) declara: "La primera y más importante exigencia de los tiempos presentes, si queremos redimir al trabajo de este país de la esclavitud capitalista, es la promulgación de una ley fijando en ocho horas para todos los Estados Unidos la jornada normal de trabajo. Nosotros estamos dispuestos a desplegar todo nuestro poder hasta alcanzar este glorioso resultado."165 Coincidiendo con esto (a comienzos de septiembre de 1866), el Congreso obrero internacional de Ginebra acordaba, a propuesta del Consejo general de Londres: "Declaramos que la limitación de la jornada de trabajo es una condición previa, sin la cual deberán fracasar necesariamente todas las demás aspiraciones de emancipación... Proponemos 8 horas de trabajo como límite legal de la jornada". boxbcn.com El señor J. Roy se ha impuesto la tarea de ofrecer al lector una traducción lo más fiel e incluso literal que le fuese posible de la pre­sente obra, y ha cumplido esta misión con toda escrupulosidad. Y ha sido precisamente esta escrupulosidad la que me ha obligado a mí a revisar el texto, para hacerlo más asequible al lector. Las modificaciones introducidas en la obra a lo largo del tiempo, puesto que el libro se ha publicado por entregas, no han sido hechas todas con el mismo cuidado, y necesariamente tenían que provocar ciertas desigualdades de estilo. presupuestos artes graficas El hijo discotecas en madrid Cabe, indudablemente, que en la fórmula M - D - M, los dos polos M y M, v. gr. el trigo y el traje, sean también magnitudes de valor cuantitativamente distintas. El labriego puede, evidente­mente, vender su trigo por más de lo que vale o comprar el traje por menos de su valor. También puede ocurrir que el sastre le engañe. Sin embargo, en esta forma de circulación, las tales dife­rencias de valor son puramente fortuitas. Por el hecho de que ambos polos, el trigo y el traje, sean equivalentes, el cambio no pierde radicalmente su sentido y razón de ser, como ocurre con el proceso D - M - D. Por el contrario, la equivalencia de estos dos fac­tores, es aquí, condición para el desarrollo normal del proceso. restaurantes en madrid Al grado de desarrollo de la forma relativa del valor corresponde el grado de desarrollo de la forma equivalencial. Pero hay que tener muy buen cuidado en advertir que el desarrollo de la forma equiva­lencial no es más que la expresión y el resultado del desarrollo de la forma relativa del valor. Venta de pisos en Barcelona 6. Lucha por la jornada normal de trabajo. Restricción legal del tiempo de trabajo. La legislación fabril inglesa de 1833 a 1864

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